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Fecha: Jueves, 29 de octubre de 2009 23:20
Gracias por recibir a mi vecino, el señor Juan Antonio (alias el belga) cuando tuvo que emigrar para no morise de hambre en esta España pobre y miserable que éramos no hace tanto tiempo.
Gracias por seguir pagándole la jubilación aún cuando hace cuatro años que volvió a su lugar de nacimiento, Barcelona, con su mujer belga para tener mejor clima en los últimos años de su vida.
Gracias por darle trabajo y ofrecerle tantas oportunidades para que hoy pueda volver y contarnos todos sus anécdotas cuando llegó a un pais del que no sabía ni hablar el idioma, y aún así pudo prosperar y ser una persona feliz.
Gracias Bélgica, de todo corazon, porque el señor Juan Antonio cuida de sus nietos y de mis hijos cuando yo tengo que trabajar y les está enseñando francés, ese francés que aprendió a fuerza de trabajar en un pais extraño que a poco a poco se fue haciendo menos extraño y que llegó a ser su patria, la que le dio de comer tantos años.
