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Fecha: Miércoles, 15 de octubre de 2008 15:25
La Sexualidad.
Dentro del terreno sexual los egipcios mantuvieron diversas peculiaridades dignas de destacar. Así por ejemplo, un signo natural del amor o la pasión como son los besos hay autores que afirman que no tuvieron costumbre de darlos en la boca hasta la Baja Época, en que adoptaron en ese sentido el estilo de los griegos, por lo que como alternativa o complemento a dicha muestra de afecto habrían desarrollado una práctica en cierto modo equivalente que consistía en aproximar las narices, para de esta forma intercambiar el aire respirado, ya que sustentaban la creencia de que aspirar el aliento procedente de otro ser, (fuese éste una persona o una divinidad), era tanto como adquirir una parte de su esencia. Otro detalle curioso era que tener los ojos grandes suponía un distintivo de belleza, por lo que solían alargarlos merced al maquillaje. Y un tercer elemento digno de mención es la extraña conexión que establecían entre el cabello y la sexualidad, por lo que llevar éste suelto o despeinado se interpretaba como signo de erotismo, motivo que les indujo a dedicarle un cuidado extremo. De hecho esta última característica fue la que dio lugar a que en ocasiones se pusieran en práctica ciertas acciones, (suponemos que atípicas y puntuales), como por ejemplo el que cuando entre dos mujeres surgía una rivalidad a la hora de lograr los favores del hombre soñado, un método ideal de luchar por él era tratar de que la rival disminuyera su encanto a través de la pérdida del cabello, para lo cual recurrían o bien a la magia, o bien al empleo de determinadas sustancias, como la anotada en cierta receta del famoso Papiro Ebers, en el que se aconseja “impregnar con aceite una hoja de loto quemada y friccionar con ella la cabeza de la persona detestada”. Lo que nos falta por saber es el método empleado para conseguir que “la persona detestada” se dejase embadurnar con semejante potingue, aunque en el caso de que se hubiera logrado, esta última siempre tendría otro presumible remedio para “evitar” la poco menos que criminal actuación de la fórmula anterior: “untar la calva con escama de tortuga y grasa de pata de hipopótamo”.
Fragmento del Papiro Erótico de Turín: un hombre
con un falo descomunal copula con una prostituta
Practicaron la circuncisión entre los hombres, la cual se llevaba a efecto al llegar la pubertad, (inicialmente de modo específico entre la clase sacerdotal, y de forma general a partir de la Baja Época), si bien al contrario que otras culturas fundamentalmente por motivos higiénicos, no rituales. En cambio no hay casi constancia de que se diera un tipo de práctica paralelo entre el mundo femenino, (desarrollándose la clitorictomía), ya que si por un lado todas las momias de mujeres examinadas hasta la fecha permanecen en ese sentido íntegras, por otro también hay algún autor que afirma haber encontrado alusiones a vírgenes circuncidadas en ciertos textos.
Respecto a la homosexualidad, aun siendo una práctica tolerada no parece que fuera muy bien vista, más que nada y según parece por la esterilidad que dicha práctica conlleva. Así, se han hallado referencias que nos hablan de escarceos de esta clase tanto en el mundo de los dioses, (en un episodio de lucha entre Horus y Set), como en el de los humanos, (desde la documentada relación del faraón Pepy II con uno de sus generales llamado Sasenet, hasta diversos casos de sacerdotes del templo de Jnum en Elefantina). Del lesbianismo por contra no existe la menor mención.
Según se sabe podían evitar con facilidad los embarazos, pues son diversos los papiros médicos que nos han legado las recetas y remedios mas dispares. Así, en una de dichas recetas se recomienda mezclar apio y cerveza dulce, una mezcla con la que se debían untar los genitales; y otro excelente remedio al parecer consistía en introducir en la vagina una especie de tapón, (¿quizá el más antiguo antepasado del moderno diafragma?), que se había impregnado previamente en una mezcla de miel, dátiles, espinos de acacia triturados, y una planta con propiedades purgantes: el coloquinto. En cuanto al aborto, si bien existe constancia de que se llegó a realizar en algunas ocasiones, (como el practicado a una mujer llamada Tarepit, aunque al parecer en contra de su voluntad), en general era considerado como una de las prácticas más aborrecibles e innobles de cuantas pudieran llevarse a cabo, condenable desde todo punto de vista.
Como en todas las culturas y épocas, los egipcios tuvieron igualmente diversos sistemas para incrementar a voluntad el deseo sexual merced al uso de afrodisíacos. Uno de ellos era a través de la lechuga, de la cual afirmaban que "enamoraba a los hombres y hacía fecundas a las mujeres", motivo por el que era consumida en grandes cantidades. (No en vano, la lechuga rezuma cuando es cortada un líquido de aspecto lechoso con color y textura similar al semen, razón por la que estaba consagrada al dios itifálico Min, en cuyo honor tenían lugar importantes festividades como forma de propiciar los embarazos entre las muchachas). Otro consistía en un dulce licor de color rojo intenso llamado Shedeh, y que se piensa que se obtenía del fruto del granado. Y un tercer elemento dentro de este apartado era la mandrágora, la cual no solo se usaba para despertar la libido, sino también como favorecedora de la fertilidad.
